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martes, julio 05, 2011

Crítica de "Kung Fu Panda 2" - Dir: Jennifer Yuh

Hace 3 años que se estrenó ‘Kung Fu Panda’ (‘Kung Fu Panda’, Mark Osborne & John Stevenson, 2008), -de la cada vez más consolidada Dreamworks-, una cinta de animación que sin ser nada del otro mundo, sí que resultaba entretenida y fresca.

Ahora nos llega la inevitable secuela tras el éxito de la primera, esta vez dirigida por Jennifer Yuh, -colaboradora del departamento artístico de la anterior entrega-, y lo que nos ofrece la debutante directora viene a ser más de lo mismo, solo que esta vez dotando al producto de un empaque más dramático.


Y ese tono más profundo y dramático es lo único que diferencia a esta ‘Kung Fu Panda 2’ (‘Kung Fu Panda: the Kaboom of Doom’) de su antecesora. Es decir, más de lo mismo, pero peor. Y menciono lo de peor no porque una película al poseer un calado de mayor dramatismo sea inferior que una que sea más distendida o ligera, sino porque una cinta de animación que se titula ‘Kung Fu Panda 2’, no solo no necesita ser dramática, sino que puede resultar incluso perjudicial.


De hecho, las partes en las que menos funciona la cinta son aquéllas en las que la directora se empeña en ponerse más seria, por el contrario, lo mejor de la película termina siendo (una vez más) el resto: es decir, todas aquellas secuencias repletas de humor y acción, que es lo único que debería ser ‘Kung Fu Panda 2’, humor y acción. No se le pide más a una cinta de esta características. Y es que es muy malo que una película “menor” pretenda ser más de lo que realmente es. Uno debe saber en qué división juega.

Eso sí, como ya he dicho, todo lo concerniente a la acción y al humor resulta más que digno, al igual que la animación, que llega a cotas altísimas. Una cinta para disfrutar (con los niños) sin más, pero algo inferior a la primera entrega.


Lo que más me mola: las escenas de acción.

Lo que menos me mola: haberla visto doblada y no haber podido disfrutar de las voces originales, entre las que se encuentra la del gran Jean Claude Van Damme.


José L. Vicedo

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